Patricia Eugenia, motivación

La Formula de la Motivación Infinita

 

Sabías que podemos activar en nosotros una fuente inagotable de motivación. No es la motivación el propulsor para alcanzar nuestras metas, sueños y ambiciones. La motivación es el impulso interior para tomar acción hacia nuestras metas y objetivos.

El problema es que creemos que la motivación es algo que nos sucede… o que le sucede a unos sí y a otros no… a otros poquito… a otros muchísimo.

Quiero comenzar por decirte algo claro: la motivación no es algo que te sucede. La motivación es algo que tú creas.

Por eso quiero compartirtе dos cosas:

Número uno: la motivación proviene de ti mismo.

Número dos: te voy a dar la fórmula para que tú puedas ser esa fuente de motivación infinita.

Muchas personas ya conocen esta fórmula y la están utilizando para avanzar sus metas.

Vamos a verla.

La fórmula

Motivación = Ambición + Expectativa

La motivación es el resultado de dos fuerzas que están operando interiormente, creciendo o disminuyendo nuestra motivación.

Sin estas dos fuerzas, la motivación es un mito.

 

Ambición

La ambición, en pocas palabras, es el deseo interior por alcanzar algo más grande.

Es también una presión que sentimos por dentro que nos empuja a esforzarnos más, a estirarnos más.

Es ese impulso del potencial interior que nos llama.

Deseos como:

  • tener un mejor trabajo
  • mejorar mi entorno
  • mejorar mis relaciones
  • mejorar mi salud
  • mejorarme a mí mismo

Todo eso hace parte de la ambición. Entre más despiertos y estimulantes sean estos deseos, más energía van a tener.

 

Expectativa

La segunda parte de la ecuación es la expectativa.

La expectativa es la creencia en la posibilidad de alcanzar esa ambición.

Tener una ambición o un deseo sin expectativa de alcanzarlo es profundamente desmotivante.

Por eso necesitas completar ambas partes:

  • tu ambición
  • y tu creencia de que es posible lograrla

Creer que es posible para ti. Creer que lo puedes hacer suceder. Cuando existe esa expectativa real sobre esa ambición, entonces aparece la motivación para trabajar en tus metas.

 

El problema

Uno de los problemas es que muchas personas dicen: “no tengo ambiciones.”

Para eso te recomiendo algo simple pero poderoso: siéntate contigo mismo.

Abre un espacio.

Y pregúntate:

  • ¿Qué deseo de la vida?
  • ¿Qué me inspira?
  • ¿Qué me haría despertar con propósito en la mañana?
  • ¿Qué movería mi corazón a descubrir, a explorar, a experimentar?
  • ¿Qué me gustaría aprender?
  • ¿Qué lugares me gustaría conocer?

Empieza a activar la ambición dentro de ti. Empieza a despertar esos deseos.

El segundo problema es el contrario: sí hay deseo, pero no hay creencia.

Creer que puedes alcanzarlo es una elección. Es algo que tú decides.

Tomemos el ejemplo de un atleta profesional.

Este atleta no tiene solo esperanza de ganar. Tiene una meta clara. Tiene una ambición definida. Y también tiene una creencia firme de que puede lograrlo.

Se entrena. Se prepara. Se compromete.

Ese atleta está dominando su motivación.

Y puede acceder a ella todos los días cuando lo necesita:

  • conecta más con su deseo
  • fortalece su creencia en sí mismo

Y así genera más energía. Más “gasolina.”

 

Dos fuerzas, una dirección

Ambición y expectativa.

Ambas fuerzas construyen la motivación. Entre más ardiente el deseo,
y más firme la creencia,
mayor la motivación.

Esto es 100% poder personal. La capacidad de ser autosuficientes emocionalmente. De generar nuestra propia motivación. No depender de afuera.

Claro, alguien puede inspirarte. Alguien puede recordarte algo importante.

Pero en la vida diaria… estás tú contigo mismo. Trabajando contigo. Por eso esta fórmula es tan importante.

Hay una frase que me gusta mucho:

“El día es de quien lo trabaja con serenidad y buenos objetivos.”

Y aquí hay un contraste interesante.

Serenidad… y ambición.

Pero cuando esas ambiciones están alineadas contigo, no se sienten como lucha vacía.

Se sienten como dirección. Como sentido. Como vida.

Los mejores atletas son los que disfrutan el juego. Los que se entregan. Los que tienen ambición y expectativa, pero también una mentalidad de ganar o aprender.

Y eso no solo los hace mejores atletas… los hace mejores seres humanos.

Si hay algo que quiero que te lleves hoy es esto:

Ya no tienes la excusa de “no tengo motivación.”

No la busques.

Elige crearla.

Motívate a ti mismo.

Ten una ambición.

Elige creer en ella.

Y ve tras eso.

Ahí es donde está la vida.

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